sábado, julio 17, 2010

viernes, septiembre 05, 2008

Forbes


jueves, mayo 17, 2007

¿Hay alguien en casa? ¡Piensa, McFly!

Se me había pasado:

desde hace ya un mes largo, su ración semanal de insensateces en www.viruete.com/pyjamarama

viernes, marzo 02, 2007


No aquí, no ahora, pero pronto y por el resto de sus vidas. Permanezcan atentos a sus pantallas (si tienen el menor interés). Vuelve Wally, tan Week como siempre. Nuevo trabajo, nuevas aspiraciones, mismas parvadas.

viernes, diciembre 29, 2006

Hasta luego, y gracias por el pescado


Pues sí, amigos, aquí termina PYJAMARAMA! (el Blog de Wally Week!). ¿Por qué así? ¿Por qué de pronto? Pues porque, sinceramente, estoy hasta los huevetes. Hace algo más de un año tenía suficiente tiempo libre como para pensar chorradas y dedicarme a escribirlas y subir una imagen tontarrera... ¡A DIARIO! Pero las ideas se van acabando, y cuando llegan me apetece comentarlas a viva voz o en plan messenger y tal. El rollo de redactarlas se me va haciendo cada vez más cuesta arriba, y me encuentro con que me tomo escribir como una obligación, en vez de como una diversión.
¿Empezaré otro blog? Puede que con el tiempo. ¿Es este el fin de Wally Week tal y como lo conocemos? No, procuraré colaborar de vez en cuando en Viruete.com (siempre que el jefazo me lo permita) ¿Voy a dedicaros una afectuosa despedida, nombrando a algunos de vosotros en plan "os quiero a todos"? No. ¿Es esta una inocentada? Pues son las doce y trece minutos, ya llego tarde para el 28 de diciembre.
Próspero año nuevo, Wallies y Wilmas.

martes, diciembre 19, 2006

Huevos Reunidos

La técnica del Tekken: quien aporrea el mando más deprisa, gana.
Cuando queremos que papá compre un ordenador, juramos que es para usarlo como herramienta de estudio y trabajo. No jodas, unos apuntes pasados a ordenador no hay quien se los lea, para leer renglones y renglones mecanografiados hubieras cogido el libro y subrayado, en lugar de ir a clase o camelarte a la lista de la primera fila para que te los deje fotocopiar. Luego llega el ordenador y como si Juan y Manuela. En fin, cuando papá compraba el Spectrum no era para llevar las cuentas de casa, sino para JUGAR. Lo máximo que se escribía con el teclado era Load “”. Aunque por lo que parece de un tiempo a esta parte, todo el mundo se programaba sus propios juegos en Basic, al igual que todo el mundo percibía los mensajes político-sociales de La Bola de Cristal. Aunque tuviera cuatro años y aplaudiera cuando salía la Bruja Avería, no era porque tuviese cables de colores en la cabeza, sino porque ridiculizaba el capitalismo y la censura en televisión.

Se incluye ahora una relación de juegos para ordenador, en la línea de otros post anteriores, que como jodieron tanto a la rama más intelectual y selectiva de lectores de blogs que acuden a PYJAMARAMA! por consejo de otras gentes (que aseguran que “doy buena caña”, la tercera forma más repugnante de referirse a este blog, después de “cachondo” y “gamberro”), pues para qué cambiar. Yo es que si puedo defraudar, defraudo. Soy el terror que acecha en la noche, soy el pelo que flota en la sopa del “humor inteligente”, que diría el Pato Darkwing.

- World of Warcraft: elige entre diversas razas de seres fantásticos, que me imagino que serán enanos, elfos, orcos y tal. Todo originalidad, como debe de ser. El World of Warcraft te permite ser el héroe que no fuiste aquella vez que a tu abuela le robaron el bolso de un tirón y te quedaste de pie a su lado, inmóvil, con la boca como un tragabolas, mientras tu abuela gritaba “¡Ladrón! ¡No mereces otro nombre!” y el interfecto huía usando el modo de correr patentado de Zipi y Zape.

- Diablo 2: versión “avanzada” del Gauntlet. Consiste en que cojas un muñeco cualquiera y dances por una mazmorra sin soltar el botón izquierdo de tu ratón, que es lo que se usa para matar los muñecos malos. Luego mejoras tu muñeco con armas cada vez más mágicas y necesitas dejar pulsado menos rato el botón izquierdo del ratón para matar a los muñecos malos. Finalmente viene un tío de 33 años que vive con sus padres y no trabaja, por lo que se tira la vida jugando y subiendo de nivel, te ataca y te despanzurra.

- Ogame: incomprensible juego vía web que usa el sistema vaya-usted-a-saber para determinar quién va ganando. El Ogame en cuestión va sobre colonización de planetas, investigación y federaciones galácticas, o sea la parte de ciencia ficción espacial que más coñazo resulta, nada de robots destructores ni pistolas láser. Las partes de acción se resuelven en “batallas de naves”, en el bien entendido de que tú dices que vas a atacar y la pantalla te dice el resultado de la batalla al buen tuntún. “El texto de mi pantalla de flota es más largo que el tuyo, yo gano.” “Pero yo tengo más líneas resaltadas en negrita, jajajaja, no contabas con mi astucia.” “Oh no, has eliminado mi Texto de Crucero de Asalto. O sea, las mismas reglas que usan Mafalda y sus amigos cuando juegan a vaqueros.

- Counterstrike: el más exitoso juego de “acción en primera persona”, que es como llamar “auxiliar de tienda” a una cajera. En realidad, un juego de tiros y punto, cuya pericia no consiste en tener reflejos, buen pulso y demás dones utópicos, sino más bien en haberse planchado tantas horas al ratón y teclado que le pegues un tiro en la mollera a Fulanito del clan Trutukufi de forma tan mecánica como te atas los cordones de las botas. En el minichat que se supone que se ha de utilizar con fines estratégicos de equipo, la gente dice “lol” “ya cheatin’” “fakincampers” o anuncian que su clan busca gente. Aclarar que lo del “clan” tiene la misma utilidad que un carnet de los Jóvenes Castores. Exacto.

- Yetisports: este tipo de jueguecitos chorras en flash se supone que son un vicio. Francamente, la tercera vez que bateé al pobre pingüino lo tuve que dejar. La historia está en batir la marca propia y sentirse bien consigo mismo, al igual que la pareja de zopencorros que ostentan el récord guinness de “la pelota con más capas de pintura”; suena a premio de consolación que tira de espaldas. Como no soy capaz de ganar un mal concurso, me lío a embadurnar una bola de béisbol con pintura y que venga la fama y me bese el cuello. Estos juegos en flash suelen imitar el formato (a veces hasta los juegos al completo) de las entrañables maquinitas Game & Watch, llamadas así porque las llevabas al patio del colegio y mientras tú jugabas (Game), un coro de admiradores se arremolinaba en torno a ti con la esperanza de que les dejases jugar, cosa que nunca ocurría, de modo que se tenían que contentar con mirarte (Watch) jugar a ti.

- Aventuras gráficas: muy llorado género, por su progresiva desaparición. Se basan en llevar a un muñequito por diversos escenarios y avanzar cogiendo cosas y usándolas con otras, se supone que siguiendo un razonamiento lógico. En la era de Internet estos juegos han perdido interés, porque a la mínima que te atascas en un enigma, te buscas la solución en la red y resuelto. Luego, eso sí, todo el mundo se pasa estos juegos sin ayuda, aunque reconoce que “le costó mucho” y “algunas cosas las saqué de pura coña”. Conversación-tipo: “¿Cómo llevas el Monkey?” “Estoy atascado donde los pollos, no me deja sacar el diente de oro de allí.” “Ah, tienes que chupar helio del globo, pegar el diente de oro en un chicle, meterlo en la boca para masticarlo, y que gracias al helio, la pompa de chicle flote hacia la ventana, estallándola después con un tubito hueco y una espina.” “Jo-der ¿y cómo se te ocurrió eso? ¿lo miraste en algún sitio?” “Qué va, me salió de pura coña”. Sí, los cojones.

- Los Sims. De acuerdo, un videojuego es una abstracción de tu vida. Escapas de tu vida aburrida y cotidiana, cambiándola por las explosivas aventuras de un aguerrido héroe de pantalla. Hasta ahí, se puede tolerar. Lo imperdonable es que cambies tu vida aburrida y cotidiana por la vida aburrida y cotidiana de un monigote que anda por la pantalla murmurando frases ininteligibles como “bos’snala” o “guchiperirú”, haciendo reformas en su casa y viviendo emocionantes aventuras como lavar los platos o jugar al ajedrez en solitario para que suba su barrita de inteligencia. Apuesto a que la del jugador desciende a pasos de siete leguas.

- Jueguecitos de Casilla/Acierto. Esta moda, de la que participé y bastante, consiste en dar uso lúdico a un programa pensado para un fin tan aburrido que jamás pensaste que pudiera ser utilizado para tu esparcimiento: Microsoft Excel (sí, eso que el 75% de la población dice manejar “a nivel usuario” en su currículum). Se trata de una serie de preguntas, ya sea en texto o imagen, y tú tienes que escribir en una casilla roja y si es la respuesta correcta, cambia de color, te da un punto, la jaulita se abre y te cae una galleta. Viva Pavlov. Este tipo de juegos aunan los conocimientos con la audacia e ingenio más absolutos, ya que no sólo tienes que saber a qué peli pertenece la frase o de qué serie de la tele es la musiquita que suena, sino tienes que acertar cómo coño cree el fulano que creó el test que se escribe Lucky Luke. En cuanto a las preguntas, bah, todas se acaban repitiendo. Por ejemplo, en las frases de pelis no falta el “hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes” de Yoda y ese rollito de Harry el Sucio de que si he disparado seis balas o cinco.

- Juegos de “Rol”. En los nebulosos inicios, se consideraba juego de rol a aquel en el que tenías que representar un personaje, en plan obra de teatro o jueguecito erótico para dar emoción a tu estancada vida sexual. “Princesa, vengo a salvaros del dragón…” “Oh, noble caballero, portáis con vos estandarte asaz grande, dejadme aliviar vuestra carga…” (y esto se supone que es para reavivar el matrimonio, no para plantearse el divorcio ante el siguiente razonamiento: “a qué nos hemos visto reducidos, por Dios”). Bien, en la era de la desinformación y las oidillas, se ha dado en llamar “rol” a cualquier cosa con elfos. Aún diría más, a cualquier cosa con magia y espadas. “Se han metido en un rol”, exclamaba el presidente de la cooperativa en mi colegio, momentos antes de prohibir terminantemente las cartas Magic. Por tanto, no es de extrañar que cualquier videojuego en el que uno tenga la posibilidad de llevar uno o varios fulanitos armados y tenga que elegir entre “Tell me more about that Magic Stone” o “I must go now, good bye” y liarse a matar bichos, ya sea mediante el acoso y derribo con frenéticos toques al botón de ataque, ya sea mediante un sistema de menús en el que dices lo que quieres que haga tu personaje, este se mueve solo y al malo le sale un número de la cabeza, lo que representa la vida que le has quitado. Apasionante.

Y así de golpe y porrazo – es lo que tiene llevar equipado el bastón de bronce y el brazalete de fuerza de oso -, me he plantado en los dos folios y pico de extensión. De modo que es hora de detener la cháchara y anunciar otro episodio de la astracanada audiovisual Eh Tío y Mira Tío.

Thanks for playing!

martes, diciembre 05, 2006

Un fragmento de Harry Potter que me hubiera gustado leer

– Este verano, mi padre nos dio permiso a Ginny y a mí para ir con Fred y George a un restaurante muggle – dijo Ron, sin molestarse en terminar de tragar el trozo de pollo que mascaba alegremente, y sin percatarse del gesto de desaprobación de Hermione.
– ¿Qué restaurante? – preguntó Harry, mientras luchaba por no frotarse la cicatriz, que aquellos días le dolía más que en cualquier otro momento dramático.
Ron tragó finalmente el trozo de pollo, que a esas alturas debía de ser tan jugoso como un cheque sin fondos, y no contestó hasta haberse metido en la boca un nuevo fascículo de “desesperar a Hermione con mi falta de etiqueta”.
– Era un sitio asombroso, lleno de comida exótica: McDonald’s, con una M enorme y dorada, como si fuera una patata frita en forma de – rebuscó un símil apropiado, y finalmente se dio por vencido –… M… enorme y… dorada.
Hermione hizo un aspaviento, lo que le distrajo exactamente tres décimas y seis centésimas de tiempo en su ardua labor de cortar el pollo en trozos perfectamente regulares e idénticos entre sí
– ¡Qué espanto, Ron! ¡Esos sitios están llenos de comida que va en contra de toda base alimenticia!
Ron apuntó a Hermione con el muslo de pollo mordisqueado. Tenía los dedos brillantes hasta el nudillo, y una especie de sonrisa de payaso de grasa le rodeaba la boca.
– Te diré lo que va en contra de toda base alimenticia – dijo, frunciendo el ceño e imitando el modo pomposo de hablar de su amiga –. No comer lo que te apetezca. ¿Verdad, Harry?
Este asintió, demasiado preocupado por su cicatriz como para pensar en reivindicaciones anárquicas.
– Qué potra, Ron – dijo, distraídamente –. Yo nunca he ido a un McDonald’s. Cuando mis tíos llevaban a mi primo a uno, yo me quedaba en casa, encerrado, y lamiendo los restos de almuerzo de los cubiertos usados como cena.
Era una suerte que en casa de los Dursley todos los platos llevaran salsa.
– Cielos, Harry! – dijo una voz dos lugares a su izquierda.
– Sí, Neville, tengo una cicatriz en forma de relámpago en la frente.
– No, no, no es eso – negó el muchacho, girando la cabeza a un lado y otro como si tratase de desenroscarla del cuello –. Es el profesor Snape, te está mirando fijamente, mientras espachurra el puré de patatas sobre el pollo.
Espachurrar el puré de patata sobre el pollo era la clase de cosa que uno podía esperar de alguien tan siniestro como Snape. Harry sintió que una oleada de odio hacia el profesor fluía de cada punto de su cuerpo, concentrándose en su mandíbula y haciéndole apretarla como un tubo de dentífrico casi gastado.
– Ignórale, Harry – le recomendó Hermione, a quien nadie había pedido consejo –. Es lo mejor.
Harry miró de reojo al profesor, cuyos ojos estaban bajo tal cantidad de pelo grasiento y oscuro que no pudo ver claramente adónde miraban, y sonrió con malicia.
Mientras Ron continuaba parloteando sobre las delicias de McDonald’s y sobre la extraña costumbre que tenían en aquel lugar de llenar una de las bolsas con trozos de papel en blanco – eran servilletas, Ron, le dijo Hermione; eso qué es, contestó Ron; jajaja, contestó el resto de personajes con nombres tomados al azar del resto de libros –, Harry pinchó un trozo de pollo, cogió un poco de puré de patata con la punta del cuchillo, y clavó en Snape la mirada de desafío más Potter que pudo. Este arrugó la nariz y torció la boca aún más hacia abajo, mostrando una vez más su antipatía por el chico o quizá oliendo un pedo del profesor Flitwick, quien unos segundos antes se había inclinado hacia la izquierda con toda la discreción que pudo reunir.
Sin dejar de mirar al profesor, acercó el puré al pollo, luego puso cara de asco, negó con la cabeza y se comió el pollo solo.
Esto costó quince puntos a Gryffindor.

Unas horas después, tras las clases de la tarde, se encontraba en el despacho de Dumbledore, lleno hasta arriba, como siempre, de artefactos misteriosos, complejos entramados de cristal, y la percha de Fawkes, sobre la que este no se encontraba.
Estaba seguro de que la razón por la que el director de Hogwarts le había hecho llamar tenía mucho que ver con el insistente dolor de su cicatriz, aunque se hubiera hecho creer al resto del profesorado y alumnos que era a propósito de su desafío a Snape.
– Siéntate, Harry – invitó Dumbledore, señalando una silla con la mano – ¿Quieres una trufa?
En el escritorio, ante la silla sobre la que Harry se sentó, había una copa de balón del tamaño de una pecera pequeña, dentro de la cual había una serie de bolitas de chocolate negro, de aspecto tan sencillo como delicioso.
Harry aceptó la invitación, cogiendo una y mordiéndola con cuidado para no resultar maleducado ante el director.
– Qué tal está? – preguntó este, arqueando las cejas. Harry levantó la mirada mientras el trocito de trufa daba vueltas en su boca, tratando de apreciar el sabor en todo su esplendor.
– Sabe un poco agria… – dijo, y de pronto sintió una arcada – Sabe como… como a caca, señor.
– Es que es caca, Harry – asintió Dumbledore, sin asomo de sonrisa.
El muchacho empezó a toser, tratando de sacar de la garganta el trozo de lo que se acababa de tragar.
– ¿Por qué? ¿Por qué? – fue lo único que acertó a preguntar mientras escupía sobre la alfombra y dejaba caer el resto de “trufa” al suelo.
El director cogió la copa y tiró el resto de cacas a un cubo plateado que había a sus pies.
– He pensado que tras todas nuestras charlas sobre no dejarse dominar por el orgullo, ser prudente y respetuoso con los profesores y tantas otras buenas enseñanzas, quizá un pequeño escarmiento te ayudara a comprender mejor cómo me siento cada vez que me llega una queja tuya.
Sacudió la mano, apremiante.
– Hala, y ahora fuera, que tienes mucho que estudiar. Este año nada de cámaras secretas ni prisioneros fugados, este año exámenes finales como que me llamo Albus Dumbledore. ¿O a ti te gustaría que te atendiese un médico al que le hubieran aprobado tres años de carrera por la cara?