lunes, abril 11, 2005

Final Fight isn't a Wally, Wally.


Cristales rotos, puertas pintadas... y los asientos intactos, Wally.

Ten en cuenta que para cada pequeño sector hay un lenguaje propio y uno para profanos. De ese modo, uno puede lucir sus conocimientos ante la confusión de los demás que se pierden en los procelosos mares del vocabulario "técnico".

En el mundillo del ordenador, el truco está en decir cuantas menos letras, mejor. Son todo abreviaturas, siglas, números y algún término que cualquiera con gafas gordas y una marcada afición por la coca-cola te sabrá decir: un AMD 64 3200, 1Gb RAM DDR-400, SVGA GeForce 5700-256, 200Gb HD SATA.

En el mundillo del profesional libre (esos oficios que normalmente se desprecian, tipo "¡Vaya notas! ¿Qué quieres, acabar de fontanero?", pronunciados por gente que olvida fácilmente las facturas que le clavan cada vez que se atranca el retrete), básicamente se trata de no llamar a NADA por su nombre, para reírse de los señoritos con carrera universitaria. Y para que el mero hecho de que falte una abrazadera para fijar las cañerías se convierta en una complejísima avería para la que se precisan piezas de Alemania y que se traducen en meter un petardo en la hucha. De aquí proviene la famosa junta de la trócola que ignoro si existe o no pero siempre se nombra para hacer la gracia.

Y cómo no, hay quien crea sus propios términos, subdivisiones y especializaciones para huir de la mediocridad que la sencillez acarrea. En este punto, encontramos los millones de subgrupos en los que se divide cada tipo de música (el anteriormente conocido como bakalao y el rock duro son los reyes aquí, con sus house, dance, trash, power, black y la madre que parió a Peneque), paridos para que cada cual pueda tener su estilo (generalmente se copian unos a otros, con cambios mínimos que aportan originalidad) y los profanos nos sintamos ridículos.

Del mismo modo, las etiquetas sociales (tiene gracia, en un tiempo en el que abogamos por la igualdad y el buen rollo) se multiplican como un Gremlin en remojo (o los coches cuando llueve). La última perla: metrosexual, adjetivo que, juro solemnemente, JAMÁS usaré para describir a alguien.

La única excepción técnico-profano se encuentra en las Máquinas Tragaperras, una suerte de cacharros con el nombre mejor puesto de la historia, cuyo objetivo es gastarse un pastón intentando conseguir tres piezas de fruta iguales, hecho lo cual conseguiremos un premio consistente en recuperar el 25% de lo que hemos derrochado. Bravo.

Bien, pues a estas máquinas todo el mundo las llama tragaperras, excepto los que juegan, que las llaman simplemente máquinas (Voy a echar una máquina...), en un maravilloso espectáculo de auto-ocultación de la verdad.

¡Un saludo, Wallies!

PD: A lo mejor ante el incentivo de un premio en metálico, el frutero se esfuerza un poco y me da todas las peras iguales, en lugar de soltarme dos gordas y amodorradas, dos medianas y tres pequeñas y más duras que Charles Bronson con insomnio.

3 Comments:

At 1:14 p. m., Blogger Elisabeta ha tenido el valor de decir...

me suena fatal la palabreja de metrosexual, a pesar de que lo de metro venga de metropolis...suena horrorosa,que se la quede el inglés que la invento,jaja.Me niego también a usarla ^_* besitos de buenos dias

 
At 1:23 a. m., Blogger Belfy ha tenido el valor de decir...

pues yo soy de las del montón de siglas jejejeje amd, cpu, svga... etc xD pero por suerte para los no conocidos en materia, tb profe y dispuesta a explicar con un lenguaje de andar por casa que es cada cosa... ^^Uu

 
At 10:27 a. m., Blogger Wally Week ha tenido el valor de decir...

Haces bien, Wally. Es una palabreja insufrible.

¿Ray Charles, Wally? Qué buen gusto tienes. "Hit the road, Wally, and don't you come back no more, no more, no more, no more..."

Eso está bien, Wally. A los que no saben hay que enseñarles, y sin dárselas de mejorzuelo.

¡Un saludo y gracias por visitarme, Wallies!

 

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