lunes, mayo 09, 2005

Wasps are not Wallies, Wally,


¿Arrugas? En la cara no las tendrá, pero en el expediente... ¿Eh, Don Manuel?

La vida frena en seco. Las sonrisas se desvanecen. Controversias, angustia, escándalo. Surgen los héroes. Leve torsión de la realidad durante unos minutos.

Enhorabuena, te ha picado una avispa.

Cada verano, inesperadamente, se presentaba el espectáculo en la piscina al menos una vez. La vida transcurría todo lo pacífica y relajada que la mezcla niños/agua permite, y ZAS, allí estaba de pronto, con todo su colorido y música:

- ¡A Alberto le ha picado una avispaaaaaaaa!

La reacción era equivalente a la que según la tele produce la musiquita del camión de helados (una de esas ilusiones americanas que los niños españoles nunca hemos saboreado, como ser elegido “capitán del equipo de fútbol” o “salir con la jefa de las animadoras”): el revuelo total. Acudía gente de cada rincón de la piscina, todos hablando a la vez, levantando las manos (nunca he entendido el porqué de esta reacción) y con la boca semiabierta, mostrando expectación. Como si al niño le fuera a dar una embolia. Y la víctima lloraba como un descosido. Porque en ese momento, la solidaridad de tus “concéspedes” te libra de ser una nenaza.

A pesar de que una mano protectora cubre la zona de impacto, la primera pregunta obligada es “¿Dónde ha sido?”. El niño contesta “Aquíiiiii” sin dejar de llorar, y algún miembro del grupo completa la información: “En el brazo”. El cargo de Informador de lo Obvio acoge a todos los que así lo deseen, de modo que para cuando el rezagado de turno llega a la escena del crimen y hace la inevitable pregunta, se encuentra con un coro de seis voces respondiéndole.

Al punto, el picado pasa a ser lo que Hitchcock llamaba “McGuffin”: algo que da sentido al argumento de una película pero permanece siempre fuera de plano. Es un “por qué”, no un “qué”, y sólo importa “en esencia”. Me refiero a que el tal Alberto pasa a ser el misterioso maletín que cambia de mano en mano, cediendo el protagonismo a los que se lo reparten.

- ¡No te toques!
- ¡Échate barro!
- ¡Qué va, agua fría!
- ¿Alguien tiene la barrita esa de las picaduras? (sugerencia que pasa inadvertida; lástima)
- ¡El barro es lo mejor!
- ¡No te toques, Alberto!
- ¿Te duele mucho? (no, es un llanto de alegría)
- Ven, ven, que te echamos agua.
- ¡El agua no hace nada!
- ¿Qué ha pasado? (sí, siempre está el que llega tarde y se acerca a ver qué reparten)
- Le ha picado una avispa.
- Ay, pobre. ¿Te duele? (y dale Perico al torno)
- Cristina, trae un poco de barro.
- ¡Barro no, que se le infecta! (esto me encanta. Vale que el barro es una cerdada, pero por favor, que es una picadura de avispa, no una cornada)

Y a Alberto le duele como una condena. No deja de llorar, pero ahora de desesperación. ¿Por qué nadie le pregunta QUÉ quiere echarse? ¿Por qué si lo que quiere es taparse la herida con la mano, no le dejan? ¡Que es su brazo, coño!

El horrible incidente termina de una de estas dos formas: el niño consigue intercalar una frase con el llanto (que tampoco ha sido para tanto, si llega a ser una mamba...) y finalmente da la victoria a uno de los bandos. Generalmente, gana el barro, que alivia que es un primor. La otra manera es que aparezca la buena de Doña Julia, siempre tan previsora, con un pirindolo de esos para las picaduras que alivia lo mismo que el barro pero cuesta un pastón.

Mientras el remedio hace efecto, el grueso del público se va. Los seguidores más fieles y los cotillas más cansinos aún permanecen alrededor, como si velasen a un enfermo. Y comienza la “resaca”:

- Bueno, por lo menos se ha muerto el bicho (qué consuelo vengativo).
- No, eso son las abejas. Las avispas pueden picar todo lo que quieran (la mierda de niño que se compra el Vacaciones Santillana y lo quiere amortizar)
- ¿Seguro? A lo mejor era una abeja...
- No, era una avispa que la he visto yo.
- Pues menos mal que no se te ha quedado el aguijón... (sí, no vaya a ser que se enquiste y haya que amputar)
- A mi prima le picó una en un ojo... (no falla: la anecdotita... Como comenté un día, siempre está el que le quiere quitar importancia a todo contando un mal aún mayor)

Y cuando el dolor de Alberto se reduce a una leve jaqueca por la llantina que se ha pegado, algún patán concluye el show con la frasecita:

- Hala, ya está. ¿Ves como no era para tanto?

Hace falta ser cínico. Si casi llaman al Samur.

12 Comments:

At 4:21 p. m., Anonymous Anónimo ha tenido el valor de decir...

jejeje buenísimo el de hoy mr. carpenter

 
At 4:21 p. m., Blogger The Slayer ha tenido el valor de decir...

Amoniaco, lo que mejor va para estas cosas es el amoniaco. al fin y al cabo, es el principal ingrediente activo de esas barritas para las picaduras (Tenia que amortizar el libro de quimica, no?)
;)

 
At 4:26 p. m., Anonymous Anónimo ha tenido el valor de decir...

Jajajajajajajajajajajaja

Soy alérgica a los bichos que vuelan y pican, y lo he probado todo, pero, ¿sabéis una cosa? No funciona nada, así que Slayer, no te luzcas con el libro de química, que el amoniaco a mí tampoco me hace nada.

p.s.: También me picó un mosquito una vez en un ojo y fue espectacular. ;oP

 
At 5:16 p. m., Blogger Rakele ha tenido el valor de decir...

Mu grande, todos hemos vivido este momento...también funciona si sutituyes avispa ( o abeja ) por alacrán o quemadura o caida con la bici...El verano es asqueroso

 
At 5:58 p. m., Blogger Wally Week ha tenido el valor de decir...

Gracias, Mr. Krusher. Tu sitio es interesante, tengo que echarle tiempo.
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No lo pondré en duda, TheSlayer. Lo que sí te digo es que jamás se me ocurriría echarle amoníaco encima a alguien. ¡Y menos a un niño! Ya sabes que yo soy de letras...
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Bueno, Galita, el asunto está en que te alivie el DOLOR. El barro, como es fresquito y húmedo, sirve. Si te pones un hielo, te molestará porque es demasiado frío. Si te pones amoníaco se te quedará la piel como a un dálmata.

Si eres alérgica a las picaduras, ya te puedes untar de barro entera que aparte de provocar atracción sexual para algunos sectores morbosos de la población no conseguirás nada.
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Ya, bueno, pero es que una caída o una quemadura (de cualquier tipo) son accidentes más a tener en cuenta que una picadurilla. Por ejemplo, nunca he visto a nadie llorar por caerse al suelo y rasparse un codo. Eso se saldaba con un "aysss qué escozor", iba el jardinero y te curaba. No se formaba corrillo.

Gracias por visita y comentario, Wallies y Wilmas.

 
At 1:20 p. m., Blogger cris ha tenido el valor de decir...

Já, ja ,ja..Lo que me has hecho reir Wally...Es de lo más real ...¿quien no ha presenciado una escena similar?
De todas formas si te pica una avispa o le pica otra a Alberto, lo que hay que poner es amoniaco.
Muy buen post.
Un beso, guapo.

 
At 2:42 p. m., Anonymous Anónimo ha tenido el valor de decir...

y qué me dices eso de sacar la lengua para que no te pique? a nadie se lo han dicho nunca? yo ya lo tengo como instinto natural y conforme veo que un bicho-posible-picador se acerca, mi lengua sale de mi boca sin remedio. dichosas leyendas urbanas.
:****

 
At 2:46 p. m., Blogger Listo Entertainment ha tenido el valor de decir...

me ha molado lo del Fraga Rock

 
At 2:46 p. m., Blogger Listo Entertainment ha tenido el valor de decir...

me ha molado lo del Fraga Rock

 
At 2:48 p. m., Blogger Listo Entertainment ha tenido el valor de decir...

(ups, perdon por el eco)

 
At 4:28 a. m., Blogger Belfy ha tenido el valor de decir...

diosss tengo panico a esos bichos, y eso k no me han picado nunca... XDDDDD

 
At 5:12 a. m., Anonymous Anónimo ha tenido el valor de decir...

Knoxovers, pues si algún día se te cansa la lengua o la tienes resfriada y no la quieres sacar, te paso la leyenda urbana que utiliza mi madre: repetir contínuamente "divendres" (viernes en catalán). Según ella, así se alejan (será que pican de lunes a jueves)

 

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