La Asombrosa Semana Bonestripper 4

Venga, como cuanto más didáctico me vuelvo menos os intereso, os voy a hacer un favor. Hoy estoy francamente asqueado por unas cuantas cosas, entre ellas lo que sabéis que ha pasado en Londres. Y yo no soy como la mayoría de los que tenéis un blog. Pienso que la actualidad está para vivirla, no para comentarla y criticarla con argumentos pobres, dirigidos a lograr el aplauso popular por medio de hipocresías o tranquilamente porque entre vuestros amigos habéis hecho una conga circular, en la que cada cuál introduce la lengua en el trasero del que tiene delante, y así entre todos os hacéis creer la monda.
Y esos poemas que escribís. Por favor. Y ese recurso extendido de poner la letra de una canción y decir "así es como me siento", porque sois incapaces de expresarlo con palabras propias. Pero qué más da, poned que os sentís como la brisa que vaga por el prado, rozándolo todo, efímera pero sensible y cambiante... y ya está. Vuestros amiguitos ya tienen el culo hecho gaseosa, no hace falta cascarse mucho el cráneo para que os digan que es precioso, os animen y os elogien como si DE VERDAD HUBIERAIS HECHO ALGO aparte de copiar la letra de "Yesterday".
Y soy el teniente Bonestripper, o Franklin Morgan o Marlene Dietrich o como cojones me queráis llamar. Ah, y como sé que, por lo menos a UNA persona le está pareciendo al menos entretenida la historia que he ido escribiendo esta semana, pues pego el cuarto capítulo. Y mañana, el final. Y os jodéis porque lo he escrito yo, no he tenido que copiarlo de ningún sitio. Ni chaparme el periodiquillo gratis de turno y fusilar una noticia con las típicas conclusiones profundas que TODOS sacáis al unísono. Menos mal que mañana se acaba la semana, y después vuelve el payaso ese de Wally a haceros gracia. Qué pena me dais.
TOPICAL WOODS (4 / 5)
Un tipo negro, con aspecto de vendedor ambulante de bisutería, se adelantó.
— ¡Sí, joder! ¿Por qué las jodidas blanquitas niñas-de-papá como tú no os vais con vuestro jodido pasado a una jodida universidad para joder con otros blanquitos y nos dejáis a nosotros al jodido margen?
Un tipo flacucho, peinado con raya en medio, que llevaba gafas de pasta y una libreta carraspeó. El que acababa de hablar le miró. El de la libreta repasó sus notas, levantó el dedo índice y, moviendo los labios, configuró las palabras “uno más”.
— ¡Joder! – exclamó el negro. Luego se dirigió al de las gafas y, también en silencio, dijo “muchas gracias”. El otro sonrió y, carraspeando de nuevo, dio un paso al frente.
— Como representante de referencias cinéfilas y alivio cómico profesional, me veo obligado a puntualizar sobre el hecho de que su móvil, señor Davenport, muestra una obvia pobreza argumental, un recurso fácil e incuestionable tal como “Lo hizo un mago”, “Cree que es el novio, gastándole una broma” y “No se sabe cómo, consiguió sobrevivir”.
— Disculpen – llamó una voz, desde arriba de las escaleras. Todos, incluyendo a Davenport, miraron hacia allí, para encontrarse con la maltrecha figura de Skip Skittleton, muchacho apocado y principal sospechoso de los crímenes del Alce Blandito. Sangraba copiosamente por el vientre, fruto de una herida que tapaba con la mano —. Creo que... no es buen momento para decir que he sobrevivido, ¿verdad? – el gafotas hizo un mohín.
— “Un centímetro a la izquierda y no lo hubiese contado. Ha tenido suerte...” – recitó, poniendo los ojos en blanco. Skip sollozó.
— Tranquilo, chaval – le tranquilizó Mike —. Bastante mal lo has pasado, sin merecerlo.
Sonó el timbre. El negro fue a abrir, caminando al ritmo de una música inaudible.
— ¡Hola! – saludó el visitante. Era un tipo gordito, con aspecto dicharachero y un trozo de pizza goteando sobre su enorme camiseta — ¿Ya tenéis zampabollos?
— No, adelante – invitó la pelirroja —. ¿Tú también vas a la estatal?
— Empiezo este año – asintió el recién llegado, pasando por la puerta con dificultad; un trozo de bacon aterrizó en la moqueta.
— Nosotros también – dijo Mike.
El gordo los miró a todos, uno por uno. Ni siquiera parecía sorprendido por la presencia de un herido de bala, un hombre vestido de alce y una chica virgen a los 18 años.
— ¿Hay alguien menor de 25? – no hubo manos alzadas – Lo suponía.
— ¡Sí, joder! ¿Por qué las jodidas blanquitas niñas-de-papá como tú no os vais con vuestro jodido pasado a una jodida universidad para joder con otros blanquitos y nos dejáis a nosotros al jodido margen?
Un tipo flacucho, peinado con raya en medio, que llevaba gafas de pasta y una libreta carraspeó. El que acababa de hablar le miró. El de la libreta repasó sus notas, levantó el dedo índice y, moviendo los labios, configuró las palabras “uno más”.
— ¡Joder! – exclamó el negro. Luego se dirigió al de las gafas y, también en silencio, dijo “muchas gracias”. El otro sonrió y, carraspeando de nuevo, dio un paso al frente.
— Como representante de referencias cinéfilas y alivio cómico profesional, me veo obligado a puntualizar sobre el hecho de que su móvil, señor Davenport, muestra una obvia pobreza argumental, un recurso fácil e incuestionable tal como “Lo hizo un mago”, “Cree que es el novio, gastándole una broma” y “No se sabe cómo, consiguió sobrevivir”.
— Disculpen – llamó una voz, desde arriba de las escaleras. Todos, incluyendo a Davenport, miraron hacia allí, para encontrarse con la maltrecha figura de Skip Skittleton, muchacho apocado y principal sospechoso de los crímenes del Alce Blandito. Sangraba copiosamente por el vientre, fruto de una herida que tapaba con la mano —. Creo que... no es buen momento para decir que he sobrevivido, ¿verdad? – el gafotas hizo un mohín.
— “Un centímetro a la izquierda y no lo hubiese contado. Ha tenido suerte...” – recitó, poniendo los ojos en blanco. Skip sollozó.
— Tranquilo, chaval – le tranquilizó Mike —. Bastante mal lo has pasado, sin merecerlo.
Sonó el timbre. El negro fue a abrir, caminando al ritmo de una música inaudible.
— ¡Hola! – saludó el visitante. Era un tipo gordito, con aspecto dicharachero y un trozo de pizza goteando sobre su enorme camiseta — ¿Ya tenéis zampabollos?
— No, adelante – invitó la pelirroja —. ¿Tú también vas a la estatal?
— Empiezo este año – asintió el recién llegado, pasando por la puerta con dificultad; un trozo de bacon aterrizó en la moqueta.
— Nosotros también – dijo Mike.
El gordo los miró a todos, uno por uno. Ni siquiera parecía sorprendido por la presencia de un herido de bala, un hombre vestido de alce y una chica virgen a los 18 años.
— ¿Hay alguien menor de 25? – no hubo manos alzadas – Lo suponía.
HALA, MAÑANA EL GRAN FINAL. VENID SI OS SALE DEL COLON, PORQUE A MÍ ME LA BUFA.

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