Herbie, torero

Los Viajes de Wallyver: Episodio II (De lo que aconteçió a un mancebo que casó con mujer brava e fiera)
En los atascos, la gente toca el pito (algunos lo llaman claxon; a mí me suena a jarabe para la tos, así que lo llamo pito y al que no le guste que me toque el claxon). Claro, uno está nervioso y no sabe lo que hacer; si te pones con el móvil seguro que aparece un guardia por arte de magia y te mete una multa por toda la escuadra. Con el cabreo, como que no apetece ponerse a cantar (además o llevas tu propia música o prepárate para oír las miiiismas canciones una y otra vez; qué bien puesto tiene el título la cancioncita de Alejandro Sanz y Shakira). Si miras a la gente de los otros coches, te encontrarás en la bochornosa tesitura de cruzarte la mirada con otro que ha tenido tu misma lumínica idea.
La acumulación de sentimientos fluye hacia la punta de cada uno de tus dedos. Los porcentajes destinados a los de los pies, ante la imposibilidad de descargarse sin tocar un pedal y joderla pero bien, acaban peregrinando también hacia las manos, encrespándolas y convirtiéndolas en un foco que inevitablemente ha de descargarse. Unos se tocan el pelo y otros cardan la lana.
Mientras que no falta el que toca el pitito de las narices. Como si fuera a servir para algo. No sólo no te calma ni desahoga, sino que lo único que consigues es dar por saco a los demás conductores y hacer el atasco todavía más insoportable si cabe (que sería lo único que cupiese en hora punta). Tú sigue, sigue, seguro que así consigues que aparezca Moisés y aparte el mar de coches con su báculo para que tú, en representación de su pueblo, cruces sano y salvo la puta M-40 y llegues a casa antes de las nueve y media de la noche, que oye, que ya está bien, todo el día trabajando y encima esto.
Comenté con un amigo la posibilidad de sustituír el ESPANTOSO mecanismo por una cajonera que, al pulsarla, expulsara un mini-airbag en forma de vaquita. De este modo podría apretujarse como antiestrés, y permitir al resto de conductores intentar seguir en paz la letra de "te fuiste a Moscú y me dejaste sin menú" (hasta a Un Pingüino en Mi Ascensor se les cae la cara de vergüenza ajena ante semejante pieza lírica). O bien, y ya en plan supermalo de tebeo, diseñar un desintegrador subatómico escariolano-gmnésico y vendérselo al mejor postor. Imaginad el placer obtenido al pulsar el rombo de Renault que adorna vuestro volante y ver emerger un disparador. PCHIUUUUNNNNNNN, una pasadita y camino despejado (más o menos lo que intentaba hacer el que inventó el vicks spray nasal, que si os fijáis tiene pinta de chirimbolo láser de los que usan en las pelis de James Bond, y no para cortar finita la mortadela, precisamente).
Pues eso, que la diarrea acústica es completamente inútil, aparte de cambiar el color al semáforo (¿o por qué creéis que siempre hay alguno que pita sincronizado con el paso de ámbar a verde?) y para alertar a todo el vecindario, salvo al genio de Bizancio que ha aparcado en doble fila bloqueando la salida de nuestro coche. Ese se entera el penúltimo, justo antes de que la grúa por fin se crea nuestra asombrosa historia y se decida a pasar a retirar el coche que ¡Oh, sorpresa! ya no está. Con nuestra promoción especial "Pérdida de tiempo y salud mental", reciba completamente gratis su "Odio vecinal inmerecido" y un ejemplar de "Cara avinagrada del conductor de grúas".
Finalmente, una reflexión. Todos sabemos que la discriminación positiva es lo mismo que declararte ateo y adorador de Satán: una contradicción de moda. Sabemos que a la paridad le sobra la última d, pues si de lo que se trata es de romper con sexismos laborales, hay que pensar en un equipo formado por "personas", no por "hombres y mujeres". Y que el feminismo no es la defensa de la mujer, sino el contrapunto del machismo, es decir, la supremacía de un sexo sobre el otro y el total desprecio por la igualdad.
Y aún así hoy tengo que decir que ME NIEGO a aceptar esa parvada hipercefálica de que las mujeres conducen mal. Prejuicios aparte, hay quien asegura que de cada diez pirulas viales que ve, nueve las provoca una mujer (no todas la misma mujer, me gustaría puntualizar). La realidad es que uno se engaña, pues en realidad lo que pasa es que...
CASO 1.- Mira, mira... mira el gilipollas del Ford... ¡¡SUBNORMAAAAAAAAAAL!!
CASO 2.- Vamos, vaaaamos, joder el del BMW, tanto coche y va pisando huevos... ¡¡VAAAAMOOOOOS!!
CASO 3.- Aaaay el camioncito de las pelotas... ¡Ponte en un sólo carril, payaso!
CASO 4.- Halaaaa, tú métete, métete, bonita ¿y el intermitente? ¿De adorno?
CASO 5.- ¡¡Vamos ya la mierda del peseta!! (el mote de los taxistas ha resistido la conversión, el redondeo y toda esa chufa) Si es que se creen que la calle es suya ¡¡Con tos tus muertos, cabróooon!!
Conclusión: en cuatro de cada cinco casos, no nos fijamos tanto en el conductor como en el vehículo que conduce. Ahora, que esté al volante una mujer es prioritario: suma a la cuenta de malas conductoras. Y efectivamente así, el grupo de mujeres recibe más negativos. Como que el de hombres está bien repartidito.
Sed Buenos.

3 Comments:
Joder, acabas de soltar una de las frases más demoledoras que he visto en tiempo... "Sabemos que a la paridad le sobra la última d, pues si de lo que se trata es de romper con sexismos laborales, hay que pensar en un equipo formado por "personas", no por "hombres y mujeres"."
Eso os pasa por no querer dejar el coche e ir desde madrid hasta la ciudad-dormitorio en bicicleta, que es más sano, no contamina y viene a huevos para que los politicos se hagan una foto al lado de tí, el ciudadano biciclista responsable.
Y que si vives en Paracuellos de Jarama, que es todo cuesta arriba, lo más seguro es que por muy sano que sea un día des la pedalada mortal y se te salga un ventrículo por la boca.
Vaya, casi siete meses de blog y ahora me entero de que también es terapéutico...
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