¿La Puerta 2 o la Caja? ¡La caja! ¡Hemos venido a jugar!

Regreso al Futuro, el videojuego: jamás entendí por qué usar la guitarra hacía que Doc te siguiese.
Recuerdo un episodio de los Simpson en que tío Herb regala a Maggie un gracioso elefante de peluche, que ella desenvuelve para dejar a un lado y ponerse a jugar con el envoltorio. De la multitud de paralelismos que existen entre mi vida y la mejor serie de la historia de la televisión (ya, ya sé que este año toca decir que es House; es que yo voy unas cuantas modas por detrás, aún me quedan Cowboy Bebop, Firefly, Mujeres Desesperadas, Perdidos… ya llegaré a House hacia 2008, tengan paciencia), este hecho es con el que más identificado me he sentido (aparte de tener tres pezones, como Krusty).
Siempre me atrajeron más las cajas que los juegos en sí. Para mí, lo maravilloso no resultaba un juego que tratase de sacar huesos a Fofó, sino el hecho de que la caja mostrase jugando a dos niños y un adulto con pinta de padre (o sea, jersey y camisa; válgame, con jersey en casa… cómprese una estufa, hombre de dios). Me fascinaba la visión de aquel hombre, respetable cabeza de familia (hemos de suponer, cosas de la buena fe), tratando de extraer el “hueso de la fortuna” sin éxito, provocando el conocido PEEEEEEEEEEEEE y bombillazo rojo, para exacerbada diversión de sus retoños. Porque no falla, si alguien perdía en la caja, siempre era el padre. Era él quien tenía el montón de billetes más gordo en el Bancarrota; quien veía, impotente, cómo su hijo estaba a punto de Conectar Cuatro (para ver House, seguramente; ja-ja-ja); quien hacía recular al burro Tozudo y, si me apuran, a quien Blanka electrocutaba en la caja del Street Fighter.
Yo comparaba mi vida con esas cajas, y me sentía solo y desamparado. Porque, al contrario que las familias MB, la mía no se reunía a sobreactuar alrededor de un juego de mesa. Los únicos juegos a los que mi padre se unió fueron precisamente los de caja más sobria que había en casa: Scrabble y Trivial. Porque antes, la gente compraba juegos culturales y/o didácticos por iniciativa propia, sin necesidad de caja atractiva (recuerden la austeridad del Trivial, con ese azul verdoso, o verde azulado, o lo que sea). Así pues, jamás experimenté el placer de obligar a mi padre a vender el Fuji-yama. Fui un niño atribulado.
Tal fue el caso que, inspirado por la frustración desgarradora y reconcomiente, decidí vengarme de uno de aquellos felices mancebos. Lo recuerdo bien: el chavaluco en cuestión aparecía en el lateral de la caja del Autocross Turbo, tomando una curva y abriendo la boca en una gran exclamación de asombro/flipe digna de una muñeca hinchable. Guiándome por aquella sabia frase, “La pluma tiene más poder que la espada” (que había oído en Batman, no me crean culto), me dispuse a cumplir mi venganza, boli bic en mano. Y así fue como, bocadillo tebeístico de por medio, el niño flipado del Autocross Turbo pasó a decir “CACA”. Eso sí que es justicia, y no lo que impartía Charles Bronson (a quien mi madre llamaba “el feo-guapo”).
Eso sí, aunque el zagal de la caja me enfermaba, el juego en sí me gustaba mucho. Y eso que se basaba en dar vueltas al mismo recorrido una y otra vez, tú solito, sin competir contra nadie. Venga a girar el volante y cambiar de marcha al buen tuntún, igual que en una autoescuela, sólo que sin precios abusivos ni el molesto “apárqueme ahí en paralelo, en tres movimientos, y diciendo la lista de preposiciones en orden inverso y con la melodía de La Aldea del Arce”.
Con todo, el juego permitía alguna maniobrabilidad. No así los incomprensibles Scalextric, TCR y demás (si es que los hubo), con los que la máxima ilusión consistía en convencer a tu madre para que te dejase empantanar el salón con él toda la tarde, y a tu padre para que se subiera a una silla y te lo bajara del armario (dado que, como era el más grande y el menos utilizado, siempre estaba debajo de todos los demás juegos; qué experiencia tan rica, amigos, el oír a un adulto decir "Jooodeeeer, ¿El de abajo del todo? ¿No podía ser otro?"). Conseguidos los permisos, y visto que podías manejar a tus padres a voluntad, lo demás era, básicamente, tirarse tres cuartas partes de la tarde montándolo y desmontándolo, y el cuarto restante apretando el gatillo del mando y viendo cómo el coche da vueltas al gigantesco recorrido en forma de 8 y nunca sabes quién gana, si Óscar o tú, porque a raíz de la cuarta vuelta, ya no sabéis quién de los dos va delante y quién detrás. Acción chispeante, no hay duda.
Y en la caja, claro, los niños sobreactuando. O papá, piloto del coche amarillo, perdiendo la carrera. Para que luego hablen del “rey de la casa” o el “cabeza de familia”. Saca baraja y amarracos, niño, ya verás quién ríe el último.

21 Comments:
¿Tres prezones? ¿Tienes tres pezones? Qué fueeeeeeerte. No he sido capaz de seguir leyendo desde ahí.
...
Qué fueeeerte Wally.
Yo pensaba que lo de "La pluma es mas fuerte que la espada" lo decía Marcus Brody en Indiana Jones y la Última Cuzada.
Y para colmo, las dos pelis son del mismo año.
Y te aseguro que con lo de "Conecta cautro" me ha entrado un ataque de risa casi viene el profesor de Investigación operativa a cagarse en mis muertos...
Aquellas fotografías de las cajas de los juegos de mesa son la semilla de los actuales anuncios de la casa KINDER, cromáticamente dañinos, parecen que le han puesto una media sobre la cámara, como con sara montiel, para que todo se difumine un poco...
Mi padre, que como buen español se siente muy orgulloso de su incultura y que por eso no ha jugado con nosotros más que al parchís o a la brisca, ganándonos sin remordimiento alguno, siempre nos decía a mi hermano y a mi en tono admonitorio: "que sepáis que vuestro abuelo (a la sazón su padre) era el que comía mejor en casa, pues para eso se "eslomaba" cada día currando en el campo de sol a sol; si sobraba algo era para él".
De modo, señor Week que algún día podremos vengar al señor del Operación privando a nuestros retoños de caprichos superfluos y alistándolos como voluntarios al cumplir los quince en la legión. Para que todo vuelva a la normalidad...
Muy bueno, Wally, me ha gustado mucho :-)
Como te conté, yo solia jugar en familia (al completo, padres inclusive) al Parchís, la Oca o el Monopoly y ...al TRIBIO, ya sabes el sucedaneo del Trivial con preguntas absurdas de FALOMIR...
Tu post en el que hablas de tan "didactico" juego es genial ;-)
Mis padres se negaron en redondo comprarnos a mis hermanos y a mi un Trivial, porque nos decian que era muy caro, así que conformé con jugar solamente al original en casa de mis primos paternos...
JOder, que bueno! Aparte de los tres pezones y lo grande que era el Autocross Turbo (junto al Supertrailer de Gozan, mi juguete preferido cuando era un enano, sin desprestigiar a mi figura de Rowdy Roddy Piper, El Gaitero).
Con mis padres no jugaba mucho, aunque recuerdo que mi madre me ganaba al Ratonera con su caracteristica suerte y que a mi me cabreaba bastante. Eso si, aun recuerdo como apalize a un tio mio jugando al Monopoly de Star Wars, tanto que en las pocas ocasiones que tenia que pagarle le daba un billete grande y le decia que se quedara la vuelta, cosa que le cabreaba un huevo (o cuando se caia un billete de la mesa y le decia que se lo quedara, que no tenia ganas de agacharme).
Iba a mencionar lo de la frase de la pluma y la espada en la peli de Indiana Jones, pero veo que se me han adelantado. Un saludo!
Conocí a un bípedo que en el citado juego de conducción modificó sustancialmente el juego...invirtiendo las pilas...con lo que el cochecito hacía la ruta contraria....mucho más entretenida........dónde va a parar..............en fin, una estupidez como otra cualquiera.
Cómo me he reído, de todas formas he echado mucho de menos el Tente. Pero los primeros, sólo los que tenían 6 ó 7 tipos de ficha y 3 ó 4 colores y permitían hacer mil figuras absurdas a las que uno impregnaba personalidad de coche, de nave espacial o de garage. Y ese momento familiar de estar tumbado en el sofá y que te pinche la típica pieza perdida ?. O tu madre barriendo debajo del sofá y descubriendo piezas llenas de pelusa... Siempre fui de Tente, nunca de Lego. De Tente y de Tintín. Encantado de leerte.
Veo que eras de los de Hotel (Fuji-Yama ese hotel de categoría media) o ahora es cuando la cago XD.
Yo como mis padres no eran rubios con sonrisa postiza en la cara y llevaban suéters para ir por casa, no jugaba con ellos, y como era (soy) hijo único me iba a casa del vecino a jugar. ¿Donde va a parar robarle a tu vecino, en su casa, el dinero de la banca a robárselo a tus padres arios-profident y que hagan la vista gorda?
No, en realidad no llevaban suéters, solo que me he comido la negación.
Por cierto, el mejor hotel el President, andeva a parar... la mayoria de las veces el que lo compraba era el campeon del juego, un poco como quien compra el Paseo de la Castellana en el Monopoly.
Pues la verdad es que no llegué a jugar al HOTEL nunca, lo del Fuji-yama es por el anuncio de la tele.
VES, siempre la cago con esas cosas.
Paseo del Prado: 40000
Castellana: 35000
nunca caía nadie, pero uuuuy el día que caiga alguien, uuuuuuuy
Pues sorprendéntemente, aunque me encantan los juegos tipo Monopoly nunca he jugado al Monopoly propiamente dicho. Yo heredé de mi tía una versión diferente, La Ruta del Tesoro, y qué queréis, a mí lo de pagar con pagarés y reales me enamoró. Comprando Ibiza y Mahón, aunque las mejores eran las lonjas y las islas griegas. Una maravilla oiga.
el Palé también estaba bien
Lo suscribo. Yo tengo un "El palé" que me dieron con el Telepizza de cuando con los pedidos daban juegos de mesa y me parece bueno para pasar el rato. De esos Monopolys me sorprende la de ediciones extrañísimas que han sacado: Monopoly Star Wars, Real Madrid, Pokemon, etc.
Mi padre solo jugaba a juegos de su infancia, y cada reyes me compraba soldados y pistoleros de plastico e insistía en que los hicieramos derribar con una canica.
A pesar de eso no me dedico a cañonear a todo yanki que veo.. ¿o sí?
Con 6 años a uno de los juguetes del Burger King recuerdo que le metí un trozo de carne por la boca. Al mes lo tuve que tirar también por culpa del olor.
Menos mal que has bajado el ritmo de publicación, si no te veía dentro de poco en un cotolengo pegándote cabezazos contra un alcornoque... menos mal que tienen la corteza blanda.
Los juegos de mesa familiares...
En casa apenas... Algun trivial que otro.
Pero en la urbanizacion de la sierra si que le dabamos mucho
al vicio... Al Hotel entre ellos.
El President o el Royal (siempre que le sisaras rapido las entradas
al otro, por que estaban enfrente el uno del otro)
El L'Etoile en plan medio, y el Boomerang era el mas mejor en calidad-precio.
El Fujiyama era una full de estambul.
El juego una vez que te sabias que habia que comprar no era mas que una carrera
por pillar el Boomerang y uno de los caros y poner miles de entradas.
Pero los mas exitosos sin duda fueron el Stratego y el Sinai... (y el Hero Quest, claro)
Que tiempos...
Regards
El quien es quien molaba la ostia xD
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