La de Dios es Cristo

Y dime, Gatito, ¿qué harás en mi blog? - ¡Leer y callar! ¡Leer y callar! - ¡Pues contigo me he de casar!
Creo en Jesucristo por dos razones: una, que tengo las mismas pruebas de su existencia que de la de, por ejemplo, Platón. Es decir, que igual que nadie duda de que la Biblia ha sufrido manipulaciones a mansalva, nadie nos asegura que los textos platónicos o todos los que hablen de Platón sean genuinos al cien por cien. Por lo que sabemos, Platón podía haber sido invención de un bromista ocioso, en una compleja broma al estilo Andy Kaufman, con un efecto bola de nieve que alcanzara su máxima hechura en nuestros días. Si las aventuras de Sherlock Holmes se hubieran gestado en la antigua Grecia, y perdídose los originales hasta nuestros días, Sherlock Holmes podría haberse considerado un personaje real, y sus prédicas y teorías estudiadas en colegios. Y sería él quien saliese en el cuadro de la segunda escuela más famosa del mundo, después del instituto Degrassi.
La otra razón es que me da mucha pereza tener que adoptar un nuevo calendario. Me parece cómodo eso de 2006 después de Cristo. Mira que si no existiera, menudo tostón tener que pivotar alrededor de otro acontecimiento para saber en qué año estoy. Fue aquella la razón por la que Herodes mandó asesinar a todos los recién nacidos. Estaban ellos tan felices con su calendario, contando los años tan ricamente, cuando de pronto llega a oídos del rey que va a nacer un niño que reiniciará el calendario. Se gesta el caos, como casi dos mil años después habría de pasar con el quimérico efecto por culpa del cual todo iba a dejar de funcionar, los aviones iban a caer del cielo y jamás ibas a poder volver programar tu vídeo para grabar Embrujadas. Del mismo modo que intentamos sofocar el temible efecto 2000, Herodes en su momento puso todo su empeño en prevenir la hecatombe. Tampoco se le puede negar un punto de buena voluntad, aunque el procedimiento fuese un tanto radical. Pero quién alguna vez no ha sentido la tentación de matar unos cuantos niños. Pregúntele a un profesor de secundaria o al espectador de la sesión de las diez de la noche a la que el gilipollas de la quinta fila ha decidido llevar a sus hijos de once años.
Sin embargo, el auténtico elegido nace en el lugar menos esperado. Un entorno nada apropiado para quien está destinado a salvar el mundo. Y así fue, en un frío lugar, en el seno de una humilde familia, como nació el que jodió los calendarios a Herodes (y encima en 25 de diciembre, que ya no daba tiempo a cancelar los pedidos y cambiar el año; la cantidad de calendarios sin estrenar que se tuvieron que comer… joder con el mesías, ya podía haber nacido en agosto) y, junto a él, la premisa de doscientos millones de películas, novelas y videojuegos: el niño humilde que en realidad es mucho más de lo que aparenta: EL ELEGIDO. Menudo chollo para los guionistas, si la Biblia se lo da todo hecho. Todos los videojuegos de rol japoneses empiezan igual.
Lo chocante es que los pastores dieran con el niño correcto a la primera, colmándolo de ofrendas, mientras que una batida de rastreadores y asesinos profesionales enviados por el rey, no. Espero que Herodes escarmentase de aquella y contratase a algunos pastores como esbirros. Pero hombre, si estaban puerta con puerta, como quien dice, y hasta tres tíos que vivían a miles de kilómetros al este se enteraron antes que Herodes.
El desarrollo de la vida del muchacho, a quien las siglas de fecha llaman J.C., pese a que se llama Jesucristo, no Jesu Cristo (y que no me vengan con Iesus Christus, porque entonces hubiéramos puesto I.C. y probablemente Indy no hubiera estado a punto de palmar en la segunda prueba del Grial), consiste en ir depurando sus habilidades y reuniendo un equipo de compañeros de diversas profesiones. Como digo, calcado el Final Fantasy. Yo en mi grupo llevo a Pedro, a Santiago el Mayor y a Judas Tadeo, que lleva la toga piro++ y la epístola a los fieles nivel 6 que le sube las invocaciones a tope. Y Santiago no veas cómo reparte.
Tiempo después, una comisión de gobierno se reúne, reabre el caso y destapa que en la época de Herodes corrió el soborno más ligero que el agua del manantial, y que hubo un vaivén de maletines de contar y no parar. Se ordena el arresto de Jesús y es sometido a un juicio marcado por las irregularidades. El pueblo podrá decidir a quién se ajusticia, si a él o a un asesino que no tenía nada que ver con el caso, a lo que lógicamente el pueblo responde que a Jesús. Es como si en la trama de Marbella llevan a Julián Muñoz y un carterista de Gran Vía y dicen “¿A quién metemos en la cárcel?" Pues eso, el Cachuli a la cárcel y la Pantoja a llorar. En este caso es presumible que la que lloró fue la Magdalena, de ahí la conocida expresión "llorar como una ídem". Del origen del popular villancico, según el que Magdalena ganó un concurso de ventosidades frente a San Juan, no tenemos constancia, aunque es de presumir que las teorías acerca de que ambos personajes son en realidad la misma persona huelen igual que el escenario de tan peculiar competición.
Bueno, llegamos a la parte del monólogo en plan naves más allá de Orión. Comiendo unos curruscos para no desfallecer (igual que Don Quijote en la aventura conversacional aquella) y regándolos con un poco de morapio (debe de ser que no le andaban los ánimos para repetir lo de los panes y los peces que hizo en otra ocasión), les confió lo que, en resumidas cuentas, E.T. dice a Elliot y los demás niños al subir a la nave espacial: “Sed bueeeenos. Estaré aquí miiiismo.” Ahí se nota que era judío, igual que Spielberg. Hay que ver cómo se copian las moralejas unos a otros, no me extrañaría que en algún evangelio que no ha llegado a nuestros días les dijese “Si un día unos tíos rubios y altos os llaman a las duchas, corred cuanto podáis.”
Entra en escena otro fenómeno que ha llegado hasta nuestros días: el Santo Grial. Apuesto a que la gente se haría cruces si una fan acérrima comprase en ebay, por una cifra con más ceros que la cartilla de Zipi y Zape, una copa de la que Brad Pitt hubiera bebido. Claro que podemos abrazar las teorías que postulan que en realidad el Grial es algo figurativo, lo cuál significaría que en la Última Cena se bebió a morro, directo de la frasca. Si esa teoría prosperase, el botellón se vería con otros ojos. Para empezar nadie lo haría, porque lo religioso no mola. Aunque las clases de catequesis serían mucho más divertidas: “Hoy vamos a recitar el Credo, luego quiero que bajéis ordenadamente al parque mientras Sor Elena y yo vamos a los chinos a comprar unos litros.”
Al final a Jesús lo matan, en el típico final rebuscado, lleno de complicados razonamientos, sacrificios figurativos y lejos del final feliz en el que se salvase, matase a los malos y se quedase con la chica (o San Juan, según la teoría más arriba comentada). Vamos, que terminó la partida en lo que en el Silent Hill se llama “Final Malo +”. La conclusión final, a lo largo de los años, se tergiversa. Se dice que Jesús murió para salvar a los hombres. Colgado Jesús entre dos ladrones, con el cuerpo molido a latigazos y brutalmente crucificado con clavos (una sabia tradición, elegir como icono de su religión la forma en la que murió su mesías… de ahí que el de los judíos sea una estrella ninja) más bien se diría que lo que realmente pasó fue que Jesús murió porque los hombres no lo salvaron.
Poco después, el cuerpo desapareció sin rastro. Se creyó que había subido al cielo y se había sentado a la diestra de su padre. Lo que en realidad pasó fue que los apóstoles, aquellos que habían huido permitiendo que su maestro muriese, fueron cayendo uno tras otro, víctimas de crímenes cruentos, retorcidos y sobrecogedores. En cada escenario del crimen fue encontrado un currusco de pan. Y si Sherlock Holmes hubiera existido de verdad, podría haber investigado, descubierto al culpable. y desvelado toda la verdad sobre el cristianismo. Los baños de sangre de las Cruzadas, la barbarie de la Santa Inquisición... nada de eso habría existido.
La otra razón es que me da mucha pereza tener que adoptar un nuevo calendario. Me parece cómodo eso de 2006 después de Cristo. Mira que si no existiera, menudo tostón tener que pivotar alrededor de otro acontecimiento para saber en qué año estoy. Fue aquella la razón por la que Herodes mandó asesinar a todos los recién nacidos. Estaban ellos tan felices con su calendario, contando los años tan ricamente, cuando de pronto llega a oídos del rey que va a nacer un niño que reiniciará el calendario. Se gesta el caos, como casi dos mil años después habría de pasar con el quimérico efecto por culpa del cual todo iba a dejar de funcionar, los aviones iban a caer del cielo y jamás ibas a poder volver programar tu vídeo para grabar Embrujadas. Del mismo modo que intentamos sofocar el temible efecto 2000, Herodes en su momento puso todo su empeño en prevenir la hecatombe. Tampoco se le puede negar un punto de buena voluntad, aunque el procedimiento fuese un tanto radical. Pero quién alguna vez no ha sentido la tentación de matar unos cuantos niños. Pregúntele a un profesor de secundaria o al espectador de la sesión de las diez de la noche a la que el gilipollas de la quinta fila ha decidido llevar a sus hijos de once años.
Sin embargo, el auténtico elegido nace en el lugar menos esperado. Un entorno nada apropiado para quien está destinado a salvar el mundo. Y así fue, en un frío lugar, en el seno de una humilde familia, como nació el que jodió los calendarios a Herodes (y encima en 25 de diciembre, que ya no daba tiempo a cancelar los pedidos y cambiar el año; la cantidad de calendarios sin estrenar que se tuvieron que comer… joder con el mesías, ya podía haber nacido en agosto) y, junto a él, la premisa de doscientos millones de películas, novelas y videojuegos: el niño humilde que en realidad es mucho más de lo que aparenta: EL ELEGIDO. Menudo chollo para los guionistas, si la Biblia se lo da todo hecho. Todos los videojuegos de rol japoneses empiezan igual.
Lo chocante es que los pastores dieran con el niño correcto a la primera, colmándolo de ofrendas, mientras que una batida de rastreadores y asesinos profesionales enviados por el rey, no. Espero que Herodes escarmentase de aquella y contratase a algunos pastores como esbirros. Pero hombre, si estaban puerta con puerta, como quien dice, y hasta tres tíos que vivían a miles de kilómetros al este se enteraron antes que Herodes.
El desarrollo de la vida del muchacho, a quien las siglas de fecha llaman J.C., pese a que se llama Jesucristo, no Jesu Cristo (y que no me vengan con Iesus Christus, porque entonces hubiéramos puesto I.C. y probablemente Indy no hubiera estado a punto de palmar en la segunda prueba del Grial), consiste en ir depurando sus habilidades y reuniendo un equipo de compañeros de diversas profesiones. Como digo, calcado el Final Fantasy. Yo en mi grupo llevo a Pedro, a Santiago el Mayor y a Judas Tadeo, que lleva la toga piro++ y la epístola a los fieles nivel 6 que le sube las invocaciones a tope. Y Santiago no veas cómo reparte.
Tiempo después, una comisión de gobierno se reúne, reabre el caso y destapa que en la época de Herodes corrió el soborno más ligero que el agua del manantial, y que hubo un vaivén de maletines de contar y no parar. Se ordena el arresto de Jesús y es sometido a un juicio marcado por las irregularidades. El pueblo podrá decidir a quién se ajusticia, si a él o a un asesino que no tenía nada que ver con el caso, a lo que lógicamente el pueblo responde que a Jesús. Es como si en la trama de Marbella llevan a Julián Muñoz y un carterista de Gran Vía y dicen “¿A quién metemos en la cárcel?" Pues eso, el Cachuli a la cárcel y la Pantoja a llorar. En este caso es presumible que la que lloró fue la Magdalena, de ahí la conocida expresión "llorar como una ídem". Del origen del popular villancico, según el que Magdalena ganó un concurso de ventosidades frente a San Juan, no tenemos constancia, aunque es de presumir que las teorías acerca de que ambos personajes son en realidad la misma persona huelen igual que el escenario de tan peculiar competición.
Bueno, llegamos a la parte del monólogo en plan naves más allá de Orión. Comiendo unos curruscos para no desfallecer (igual que Don Quijote en la aventura conversacional aquella) y regándolos con un poco de morapio (debe de ser que no le andaban los ánimos para repetir lo de los panes y los peces que hizo en otra ocasión), les confió lo que, en resumidas cuentas, E.T. dice a Elliot y los demás niños al subir a la nave espacial: “Sed bueeeenos. Estaré aquí miiiismo.” Ahí se nota que era judío, igual que Spielberg. Hay que ver cómo se copian las moralejas unos a otros, no me extrañaría que en algún evangelio que no ha llegado a nuestros días les dijese “Si un día unos tíos rubios y altos os llaman a las duchas, corred cuanto podáis.”
Entra en escena otro fenómeno que ha llegado hasta nuestros días: el Santo Grial. Apuesto a que la gente se haría cruces si una fan acérrima comprase en ebay, por una cifra con más ceros que la cartilla de Zipi y Zape, una copa de la que Brad Pitt hubiera bebido. Claro que podemos abrazar las teorías que postulan que en realidad el Grial es algo figurativo, lo cuál significaría que en la Última Cena se bebió a morro, directo de la frasca. Si esa teoría prosperase, el botellón se vería con otros ojos. Para empezar nadie lo haría, porque lo religioso no mola. Aunque las clases de catequesis serían mucho más divertidas: “Hoy vamos a recitar el Credo, luego quiero que bajéis ordenadamente al parque mientras Sor Elena y yo vamos a los chinos a comprar unos litros.”
Al final a Jesús lo matan, en el típico final rebuscado, lleno de complicados razonamientos, sacrificios figurativos y lejos del final feliz en el que se salvase, matase a los malos y se quedase con la chica (o San Juan, según la teoría más arriba comentada). Vamos, que terminó la partida en lo que en el Silent Hill se llama “Final Malo +”. La conclusión final, a lo largo de los años, se tergiversa. Se dice que Jesús murió para salvar a los hombres. Colgado Jesús entre dos ladrones, con el cuerpo molido a latigazos y brutalmente crucificado con clavos (una sabia tradición, elegir como icono de su religión la forma en la que murió su mesías… de ahí que el de los judíos sea una estrella ninja) más bien se diría que lo que realmente pasó fue que Jesús murió porque los hombres no lo salvaron.
Poco después, el cuerpo desapareció sin rastro. Se creyó que había subido al cielo y se había sentado a la diestra de su padre. Lo que en realidad pasó fue que los apóstoles, aquellos que habían huido permitiendo que su maestro muriese, fueron cayendo uno tras otro, víctimas de crímenes cruentos, retorcidos y sobrecogedores. En cada escenario del crimen fue encontrado un currusco de pan. Y si Sherlock Holmes hubiera existido de verdad, podría haber investigado, descubierto al culpable. y desvelado toda la verdad sobre el cristianismo. Los baños de sangre de las Cruzadas, la barbarie de la Santa Inquisición... nada de eso habría existido.
Pero no, claro, mejor Platón. Mucho más útil. Anda y que le den.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home