Pataleta Literaria (3)

Si piensas en literatura juvenil, piensa en Enid Blyton. Una mujer con un nombre tan extraño e impreso sobre tantas colecciones distintas de libros que llegué a plantearme si Enid Blyton no sería en realidad el nombre de la editorial.
Parece mentira que hoy al cuadrado las madres intenten colarles a sus hijos un libro de Enid Blyton por la escuadra. Cuando yo era pequeño (la Cuesta de la Vega era un escalón), Los Cinco ya era un grupo apolillado, con esa pinta que llevaban en las ilustraciones y esa extraña costumbre de comer galletas recién horneadas y usar jengibre hasta para sellar la junta de una cañería. Por otro lado, estaban los Siete Secretos, cuyos títulos inducían al caos y la confusión, provocando que no hubiera forma de saber qué libros habías leído ya y corrieras el riesgo de comprar tres veces el mismo: “¡Bien por los Siete Secretos!”, “¡Tres Hurras por los Siete Secretos!”, “Otra vez los Siete Secretos” y el número final, que nunca llegó a publicarse, llamado “Los Siete Secretos y la Ruleta Rusa”. Luego estaban Puck, las gemelas O’Sullivan y no sé qué historias de las Torres de Mallory, que eran de niñas y como se te ocurriese siquiera rozarlos en presencia de algún chico del barrio, corrías el peligro de pasar a ser “el marica de Raúl”.
Como la mayoría de los niños de hoy pasan, el universo-mundo literario ha sabido actualizarse a tiempos modernos, sustituyendo a Los Cinco por (verídico) los Cuatro Amigos y Medio, que son cuatro chavales tópicos y el omnipresente perrito encantador (como en Los Cinco, Los Siete Secretos, y La Profecía), enfrentándose a casos bastante más actuales que los de los chavales de Blyton (cosas como “el cocodrilo en Internet” y demás). Puck ha dejado paso a Tirya, la aventurera egipcia, gracias a la cual las niñas se familiarizan con el entorno del Antiguo Egipto y se alejan un poco del sórdido mundo de los móviles y el Messenger. Sólo un poco, ya que los jeroglíficos y el lenguaje subnormalesco del sms y los muñequitos gestuales del msn no difieren mucho entre sí.
También, y sacada de la fabulosa chistera de la editorial Salamandra (que desde que dieron el pucherazo con Harry Potter, no hacen más que elegir exitazos de ventas), encontramos la saga “Misterios de Roma”, que es una especie de Scooby Doo pero sin perro y con togas y cariátides. Esta es realmente educativa, y gracias a ella los niños se interesan por la Antigua Roma y se van perfilando como consumidores en masa del aluvión de novelas históricas ambientadas en esa puñetera época. Jesús, qué saturación de Publios Aurelios, Cayos Pompeyos y Garbanzos Pedrosillanos. No me extraña que Nerón pegara fuego a la ciudad.
Pero donde la literatura juvenil se nutre desde hace unos años es en la fuente inagotable de la literatura fantástica. Eso que algunos denominan como “fantasía épica”, otros “espada y brujería”, otros “tipo Tolkien” y yo “enanos, elfos y esas cosas”. Y, por supuesto, el sector que oye campanas y, al no saber dónde, dice “novelas de rol”. A las reediciones en tapa dura y Lujo Pomposo (co-fundador de un tercer triunvirato que nunca llegó a cuajar) de sagas clásicas como Reinos Olvidados o la interminable Dragonlance, así como el bombardeo de Tolkien con el que ediciones Minotauro pretende subsistir mientras espera que Javier Negrete se replantee en serio eso de escribir “novela seria” y vuelva al redil, se le añade la tira caracolera configurada por doscientos mil títulos de Salamandra, que por lo visto no se venden mal a pesar de ser imposible distinguir los unos de los otros excepto por el color de la cubierta. El día que se queden sin colores en la gama, van a haber problemas. Entretanto, sepan que (y fuera de Harry Potter) hay uno morado que es la continuación de uno amarillo con elfos. Y hay otro con elfos que es azul clarito, en plan After Sun de Nivea. De los títulos y los autores, ni idea. Y creo que los niños tampoco.
Mención aparte merecen tres sagas que han hecho las delicias de los devorapotters de pro. Una, las Crónicas de Narnia, que aún seguiría durmiendo el sueño de los justos si no fuera porque a los avispados de Disney se les ocurrió adaptar la segunda novela al cine. Aún hay quien pregunta si van a sacar más libros de la saga, ignorantes como son de que Narnia tiene más años que el Sol, y C.S. Lewis lleva muerto la tira y los que andó a gatas. Y que escribía unas movidas religiosas que, fuera de las creencias de cada uno, tienen su aquel. En cuanto a Narnia, en boca de muchos niños, la mitad de los libros no hay quien los sufra (especialmente, El Caballo y el Muchacho, con cuyo título en putalocura y similares se haría mucho jolgorio).
Tras la puerta número 2 se esconde Christopher Paolini, el Joselito de la literatura. Con quince años, edad a la que terminó los estudios secundarios (en España hemos superado esto, nuestros niños acaban los ESTUDIOS en cuanto empiezan secundaria, jo-jo-jo, cuán mordaz soy), parió algo que sólo puedo calificar como “cosa”, llamada Eragon. La conocen, la han visto, es esa novela azul con un dragón poniendo cara de gili en la portada. Porque llamándose Eragon, tenían que salir dragones, claro, aunque Eragon sea el nombre del protagonista. A ver si les suena: un humilde currela adolescente que vive en una cabaña apartada del pueblo con su tío, con quien se ha criado sin saber nada de sus padres. Un huérfano de estas características no podía sino estar destinado a ser EL ELEGIDO, ser entrenado por un viejo maestro, descubrir en sí mismo un poder fantástico (herencia de su padre), y enfrentarse al malvado déspota que quiere sojuzgar al mundo (como Bruteztrausen). Eh, pero es una novela para niños, nadie ha dicho que tenga que ser original. Si no, Enid Blyton se habría muerto de hambre.
Eragon, que ha sido un soplo de aire fresco para la mediocre editorial Roca (aire que ha aprovechado para inflar algún que otro globo, sacándose de la manga ediciones especiales por un tubo, ahora que llega la peli y Paolini no se ve capaz de terminar el tercer y último libro), se basa en todos los tópicos habidos y por haber: los elfos son maravillosos y bellísimos, los dragones son majestuosos (y están casi extintos), los enanos pasan de todo, el poder corrompe, y siempre hay un sabio anciano que se conoce toda la trama y encarrila al héroe. Y por supuesto, el bueno cuenta con una espada, legado de su padre, que es la leche condensada.
Finalmente, y posándonos en este país que cuelga de Francia por Andorra, vamos a dar de patitas en Idhún. Idhún es un planeta, invención de Laura Gallego García, que desde pequeña quiso ser escritora y vio su sueño cumplido al alzarse con el premio Barco de Vapor (sí, esa serie de libros que ustedes creían desaparecida hace años) a la tierna edad de dieciocho años. Desde entonces, y casi siempre al abrigo de SM (algún flirteo con Pearson ha tenido), ha cosechado éxito tras éxito, llegando al éxito real (que se traduce en “vender libros a lo bestia”) con la saga Memorias de Idhún, recién culminada con el tercer volumen (aún más gordo que los anteriores, bajo la clara influencia de J.K. Rowling; me flipa que los niños se lean tochos de ese calibre en cuatro días, y tarden un mes en leerse el Lazarillo de Tormes). Le eché un vistazo al primero y, aparte de certificar que tiene la presentación más HORTERA de la historia (parece cubierto de lentejuelas brillantes), me veo en posición de anunciar que lo encuentro una especie de culebrón con magia de fondo. Una historia escrita por y para jovencitas risueñas y amantes de vibrantes aventuras y encrucijadas amorosas (¿se quedará Victoria con el niño bueno… o con el tipo malo?). Es decir, para las que rondando los cuarenta se tragan las chufas de Danielle Steel de dos en dos.
Por otra parte, he visitado la web de Laura Gallego, y la chica me ha caído en gracia. Se la ve volcada en su trabajo, bastante cercana al público, y con muy pocos humos (o sea, que como pasa siempre que digo esto de alguien, será una retorcida cabrona que va por ahí riéndose de los paralíticos y llamando “frikis” a sus lectores). Pero eso no quita que escriba novelilla rosa para niñas y que a mí, como alguien más mayor que un niño y más varonil que una chica, me resulte bastante petardo. Lo mismo que su otra saga, las Crónicas de la Torre (con reedición lujosa al canto). Laura, ven a mi instituto y háblanos de la influencia de Chesterton en tus obras, de a qué nivel de Bajomontaña llegaste con tu maga-ladrona elfa Yesmeya, y dinos si te has encontrado algún troll por el camino, dinos cómo has escapado, si has silbado a tus amigos…
Amplíen la estupidez que rezuma este blog en formato audiovisual con:
CAMPAÑA FAM.AL.DOB
Y el acostumbrado episodio semanal de Eh Tío y Mira Tío
Parece mentira que hoy al cuadrado las madres intenten colarles a sus hijos un libro de Enid Blyton por la escuadra. Cuando yo era pequeño (la Cuesta de la Vega era un escalón), Los Cinco ya era un grupo apolillado, con esa pinta que llevaban en las ilustraciones y esa extraña costumbre de comer galletas recién horneadas y usar jengibre hasta para sellar la junta de una cañería. Por otro lado, estaban los Siete Secretos, cuyos títulos inducían al caos y la confusión, provocando que no hubiera forma de saber qué libros habías leído ya y corrieras el riesgo de comprar tres veces el mismo: “¡Bien por los Siete Secretos!”, “¡Tres Hurras por los Siete Secretos!”, “Otra vez los Siete Secretos” y el número final, que nunca llegó a publicarse, llamado “Los Siete Secretos y la Ruleta Rusa”. Luego estaban Puck, las gemelas O’Sullivan y no sé qué historias de las Torres de Mallory, que eran de niñas y como se te ocurriese siquiera rozarlos en presencia de algún chico del barrio, corrías el peligro de pasar a ser “el marica de Raúl”.
Como la mayoría de los niños de hoy pasan, el universo-mundo literario ha sabido actualizarse a tiempos modernos, sustituyendo a Los Cinco por (verídico) los Cuatro Amigos y Medio, que son cuatro chavales tópicos y el omnipresente perrito encantador (como en Los Cinco, Los Siete Secretos, y La Profecía), enfrentándose a casos bastante más actuales que los de los chavales de Blyton (cosas como “el cocodrilo en Internet” y demás). Puck ha dejado paso a Tirya, la aventurera egipcia, gracias a la cual las niñas se familiarizan con el entorno del Antiguo Egipto y se alejan un poco del sórdido mundo de los móviles y el Messenger. Sólo un poco, ya que los jeroglíficos y el lenguaje subnormalesco del sms y los muñequitos gestuales del msn no difieren mucho entre sí.
También, y sacada de la fabulosa chistera de la editorial Salamandra (que desde que dieron el pucherazo con Harry Potter, no hacen más que elegir exitazos de ventas), encontramos la saga “Misterios de Roma”, que es una especie de Scooby Doo pero sin perro y con togas y cariátides. Esta es realmente educativa, y gracias a ella los niños se interesan por la Antigua Roma y se van perfilando como consumidores en masa del aluvión de novelas históricas ambientadas en esa puñetera época. Jesús, qué saturación de Publios Aurelios, Cayos Pompeyos y Garbanzos Pedrosillanos. No me extraña que Nerón pegara fuego a la ciudad.
Pero donde la literatura juvenil se nutre desde hace unos años es en la fuente inagotable de la literatura fantástica. Eso que algunos denominan como “fantasía épica”, otros “espada y brujería”, otros “tipo Tolkien” y yo “enanos, elfos y esas cosas”. Y, por supuesto, el sector que oye campanas y, al no saber dónde, dice “novelas de rol”. A las reediciones en tapa dura y Lujo Pomposo (co-fundador de un tercer triunvirato que nunca llegó a cuajar) de sagas clásicas como Reinos Olvidados o la interminable Dragonlance, así como el bombardeo de Tolkien con el que ediciones Minotauro pretende subsistir mientras espera que Javier Negrete se replantee en serio eso de escribir “novela seria” y vuelva al redil, se le añade la tira caracolera configurada por doscientos mil títulos de Salamandra, que por lo visto no se venden mal a pesar de ser imposible distinguir los unos de los otros excepto por el color de la cubierta. El día que se queden sin colores en la gama, van a haber problemas. Entretanto, sepan que (y fuera de Harry Potter) hay uno morado que es la continuación de uno amarillo con elfos. Y hay otro con elfos que es azul clarito, en plan After Sun de Nivea. De los títulos y los autores, ni idea. Y creo que los niños tampoco.
Mención aparte merecen tres sagas que han hecho las delicias de los devorapotters de pro. Una, las Crónicas de Narnia, que aún seguiría durmiendo el sueño de los justos si no fuera porque a los avispados de Disney se les ocurrió adaptar la segunda novela al cine. Aún hay quien pregunta si van a sacar más libros de la saga, ignorantes como son de que Narnia tiene más años que el Sol, y C.S. Lewis lleva muerto la tira y los que andó a gatas. Y que escribía unas movidas religiosas que, fuera de las creencias de cada uno, tienen su aquel. En cuanto a Narnia, en boca de muchos niños, la mitad de los libros no hay quien los sufra (especialmente, El Caballo y el Muchacho, con cuyo título en putalocura y similares se haría mucho jolgorio).
Tras la puerta número 2 se esconde Christopher Paolini, el Joselito de la literatura. Con quince años, edad a la que terminó los estudios secundarios (en España hemos superado esto, nuestros niños acaban los ESTUDIOS en cuanto empiezan secundaria, jo-jo-jo, cuán mordaz soy), parió algo que sólo puedo calificar como “cosa”, llamada Eragon. La conocen, la han visto, es esa novela azul con un dragón poniendo cara de gili en la portada. Porque llamándose Eragon, tenían que salir dragones, claro, aunque Eragon sea el nombre del protagonista. A ver si les suena: un humilde currela adolescente que vive en una cabaña apartada del pueblo con su tío, con quien se ha criado sin saber nada de sus padres. Un huérfano de estas características no podía sino estar destinado a ser EL ELEGIDO, ser entrenado por un viejo maestro, descubrir en sí mismo un poder fantástico (herencia de su padre), y enfrentarse al malvado déspota que quiere sojuzgar al mundo (como Bruteztrausen). Eh, pero es una novela para niños, nadie ha dicho que tenga que ser original. Si no, Enid Blyton se habría muerto de hambre.
Eragon, que ha sido un soplo de aire fresco para la mediocre editorial Roca (aire que ha aprovechado para inflar algún que otro globo, sacándose de la manga ediciones especiales por un tubo, ahora que llega la peli y Paolini no se ve capaz de terminar el tercer y último libro), se basa en todos los tópicos habidos y por haber: los elfos son maravillosos y bellísimos, los dragones son majestuosos (y están casi extintos), los enanos pasan de todo, el poder corrompe, y siempre hay un sabio anciano que se conoce toda la trama y encarrila al héroe. Y por supuesto, el bueno cuenta con una espada, legado de su padre, que es la leche condensada.
Finalmente, y posándonos en este país que cuelga de Francia por Andorra, vamos a dar de patitas en Idhún. Idhún es un planeta, invención de Laura Gallego García, que desde pequeña quiso ser escritora y vio su sueño cumplido al alzarse con el premio Barco de Vapor (sí, esa serie de libros que ustedes creían desaparecida hace años) a la tierna edad de dieciocho años. Desde entonces, y casi siempre al abrigo de SM (algún flirteo con Pearson ha tenido), ha cosechado éxito tras éxito, llegando al éxito real (que se traduce en “vender libros a lo bestia”) con la saga Memorias de Idhún, recién culminada con el tercer volumen (aún más gordo que los anteriores, bajo la clara influencia de J.K. Rowling; me flipa que los niños se lean tochos de ese calibre en cuatro días, y tarden un mes en leerse el Lazarillo de Tormes). Le eché un vistazo al primero y, aparte de certificar que tiene la presentación más HORTERA de la historia (parece cubierto de lentejuelas brillantes), me veo en posición de anunciar que lo encuentro una especie de culebrón con magia de fondo. Una historia escrita por y para jovencitas risueñas y amantes de vibrantes aventuras y encrucijadas amorosas (¿se quedará Victoria con el niño bueno… o con el tipo malo?). Es decir, para las que rondando los cuarenta se tragan las chufas de Danielle Steel de dos en dos.
Por otra parte, he visitado la web de Laura Gallego, y la chica me ha caído en gracia. Se la ve volcada en su trabajo, bastante cercana al público, y con muy pocos humos (o sea, que como pasa siempre que digo esto de alguien, será una retorcida cabrona que va por ahí riéndose de los paralíticos y llamando “frikis” a sus lectores). Pero eso no quita que escriba novelilla rosa para niñas y que a mí, como alguien más mayor que un niño y más varonil que una chica, me resulte bastante petardo. Lo mismo que su otra saga, las Crónicas de la Torre (con reedición lujosa al canto). Laura, ven a mi instituto y háblanos de la influencia de Chesterton en tus obras, de a qué nivel de Bajomontaña llegaste con tu maga-ladrona elfa Yesmeya, y dinos si te has encontrado algún troll por el camino, dinos cómo has escapado, si has silbado a tus amigos…
Amplíen la estupidez que rezuma este blog en formato audiovisual con:
CAMPAÑA FAM.AL.DOB
Y el acostumbrado episodio semanal de Eh Tío y Mira Tío

13 Comments:
REDIOS... Tanto chascarrillo junto ha conseguido que termine de esputar hasta los pulmones.
¿Usted trabaja ahora en una editorial verdad?
En mi nada humilde opinión, has olvidado mencionar que los libros de fantasía, o como lo llames, se dividen en dos corrientes, la de Eragon del elegido que es un calderero, pinche de cocina, etc.; y la de la pandilla de amigotes que se van por ahí a joderle la vida al tirano de turno (Lawful Evil: imposing order in the Universe though we have to beat the shit out of it.).
Para fantasía de imaginación, de derroche de detalles y una trama que enganche emocionalmente, la de Mervyn Peake en Titus Groan y Gormenghast (Titus Solo es cosa aparte). Échales mano, que eso si que es lectura literaria de nivel.
¿Tú criticas o te dedicas a lanzarte florecillas?
Jeremy Irons + Dragones. ¿Quién se arriesga?
Comparar a Pardillini con Joselito, no tiene precio. Pero a pesar de tus advertencias, tendré que echarle un vistazo de primera mano a la obra y gracia de este pequeño pajillero americano. Si no vuelvo, no lloréis por mí, amigos míos.
Y lo de El Elegido... Luego dirán que los cristianos son tal y pascual, pero les encanta reescrbir el nuevo testamento. Porque sí, porque Neo también era Jesucristo, y Trinity María Magdalena. Esperad a ver El Código Da Vinci de dentro de 200 años.
¿Acaso existe mayor injusticia que la muerte de Steerpike por el patán de Titus? Coméntame que tal está titus alone, me leí groan y gormenghast y, consternado como estaba por la muerte del villano perdí interés en leer la tercera entrega;he oído que titus alone tiene un estilo confuso y argumento prosaico. ¿Qué os parece canción de hielo y fuego? Hablando de Gormenghast, toma http://en.wikipedia.org/wiki/Gormenghast_%28miniseries%29
Eragon no era el del señor de los anillos? Mira que es original hasta el nombre del héroe en cuestión.
Por otro lado, mi hermana pequeña tiene libros en casa cuyas portadas me quedan ciega cuando reflectan la luz. Seguro que son, como poco, radioactivas.
Eragon 2: Dragones en el avion
Se ha guardado su comentario y podrá visualizarse una vez que el propietario del blog lo haya aprobado.
OWNED!
Manolito, si tengo que decir algo respecto a Titus Alone es que más que prosaico es abstruso o críptico. Peake ya estaba próximo a su muerte y es bastante probable que eso influyese en la obra pero aún así es válida, lo que ocurre es que rompe con el principal elemento de los dos primeros libros, que es el propio castillo Gormenghast. Si se deja de lado ese detalle, se puede ver que es una continuación del tema más relevante tratado en los otros dos libros: es decir, el conflicto entre el individuo y el mundo que le rodea, la sociedad, los esquemas de comportamiento...
En cualquier caso, me gustan los tres pero es normal que los dos primeros más. Lo que puedo decir que me maravilló absolutamente es la capacidad para envolverme, implicarme y, sobre todo, sorprenderme. En las novelas del género, normalmente, ves las cosas llegar porque hay esquemas aceptados (eso acaba aburriendo, claro) pero en estas novelas no. Los giros son fantásticos.
Y sobre Steerpike... lo siento, pero le odié, le odié muchísimo. Quizás porque el mundo está lleno de tios así.
La fantasía literaria... cuánto daño ha hecho.
Aún a riesgo de ser lapidado públicamente en la plaza mayor por aficionados al rol que me arrojen sin piedad sus carpetas forradas con dibujos de elfas con grandes pechos embutidas en cuero negro, debo decir y digo: 'El Hobbit' es un TRUÑACO y 'El Señor de los Anillos' un COÑAZO (por una vez ocurrió: la peli es mejor que el libro). El 'Silmarillion' no pienso tocarlo ni con un palo de tres metros. Si quiere darles libros de fantasía a sus hijos, deles algo de Michael Ende y deje de joder ya, hombre.
Sr. Wally: Si planea usted escribir "Pataleta literaria 4" (que con lo cascarrabias que se me ha vuelto últimamente, imagino que está en camino), no olvide comentar las series interminables de truños de ciencia ficción. Bueno, y la ciencia ficción en general.
Yo creo que mas de un truño circula por ahi para meterse con la ciencia-ficción en el cuarto capitulo.
Estoy harto de que me recomienden que lea "¿Quien se ha llevado mi queso?". Libros de autoayuda, no gracias, que son como los psiquiatras: te dicen cosas que ya sabes y pierdes dinero.
"si quieres tener una tortuga, en el ordenador hace lo mismo que las de verdad, o sea nada"
Eso ha molado. XD
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